martes, 15 de septiembre de 2009

Pág 322 - Mujer Justa

Pero a sonreír no aprendí nunca. Se ve que para eso hace falta algo más, tal vez que tus abuelos ya supieran sonreír. Era un detalle que odiaba con toda mi alma, tanto como la parodia del camisón… Sí, odiaba su sonrisa. Porque cuando le tomaba el pelo en la cama…fingiendo que estaba a gusto con él… seguro él se daba cuenta, pero él en vez de coger un puñal y apuñalarme, sonreía. Estaba sentado en la enorme cama de matrimonio despeinado, musculoso, atlético, porque hacía mucho deporte, con ese leve olor a heno, y me miraba con una mirada fija y vidriosa. Y sonreía. A mí me entraban ganas de llorar de la rabia, la impotencia y la tristeza que sentía.
Estoy segura que cuando encontró su casa destruida por las bombas o después, cuando le quitaron la fabrica y toda su fortuna también sonrió de esa manera.
Ésa es una de las mayores crueldades del ser humano, esa sonrisa extraña, distinta, la sonrisa de los señores. Es el verdadero pecado de los ricos. Una cosa así no se puede perdonar…Porque puedo entender que alguien robe o mate cuando lo atacan. ¡Pero si se queda quieto y sonríe en silencio entonces ya no se sabe qué hacer con él! A veces sentía que ni el peor castigo del mundo habría sido suficiente, que todo lo que yo, una mujer salida de un agujero y encontrada en la calle, podía hacer contra él era poco. Todo lo que el mundo podía hacer contra él, contra sus propiedades, su fortuna y todo lo que le importaba, era poco…Había que quitarle esa sonrisa. ¿Ni siquiera son capaces de eso, los famosos revolucionarios? Porque, de alguna forma, las acciones y las piedras preciosas siempre vuelven a las manos de los señores, incluso después de haberlo perdido todo. Incluso cuando esos verdaderos ricos se quedan desnudos como gusanos, les sigue quedando un patrimonio misterioso que no puede quitarles ninguna fuerza terrenal… Sí, cuando un verdadero rico que ha tenido cincuenta mil hectáreas de tierra o una fábrica en la que trabajaban dos mil personas se queda sin nada… sigue siendo a pesar de todo más rico que la gente como tú o como yo cuando nos van bien las cosas.
¿Cómo lo hacen? No lo sé. Mira yo he vivido en nuestro país en una época que no era nada favorable para los ricos. Todo y todos conspiraban contra ellos, ejecutaron con mucha cautela ciertos planes minuciosos para quitarles absolutamente todo…primero la fortuna visible… y luego con mucha astucia, también la fortuna invisible. Y al final, ellos seguían viviendo mejor que nadie.

miércoles, 22 de julio de 2009

Más sobre "La mujer justa"

Volví a meter la notificación del banco en el sobre, lo pegue con cuidado y lo deje donde Judit pudiera verlo. De mi descubrimiento no dije una palabra, pero en aquel momento empezó para mí una nueva variedad de celos. Yo vivía con una mujer que tenía un secreto. Igual que esas mujeres maliciosas que en el almuerzo, mientras conversan cordialmente con sus familiares y seres queridos, que confían en ellas mientras aceptan sacrificios y regalos de un hombre que cree en su honestidad, están pensando en la cita que tienen esa tarde, cuando suban a hurtadillas al piso de un desconocido y durante unas horas arrojen al fango los sentimientos humanos traicionando a aquellos que las mantienen y les dan su confianza. Debes saber que soy un hombre chapado a la antigua y siento un infinito desprecio por las mujeres que cometen adulterio. Mi desprecio es tan profundo que no puede atenuarlo ninguno de los argumentos que ahora están de moda. Nadie tiene derecho a la aventura equivoca, sucia y soez que esas mujeres llaman felicidad, una felicidad obtenida a costa de ofender, en secreto o abiertamente, los sentimientos de otras personas… Yo mismo he sido autor de tales vilezas y también víctima, y si hay algo en mi vida de lo que me avergüenzo y me arrepiento profundamente es de haber roto un matrimonio. En lo que a sexualidad se refiere, puedo comprender todo tipo de aberraciones, puedo comprender que alguien se sumerja en las medrosas profundidades del deseo carnal y comprendo también las delirantes y grotescas formas de la pasión… El deseo nos habla en mil lenguas diferentes. Todo eso hay que tenerlo en cuenta. Pero solo las personas libres pueden arrojarse a aguas tan profundas y revueltas… Todo lo demás es un vil engaño, peor aun que la crueldad deliberada.
Dos personas que significan algo la una para la otra no pueden vivir guardando un secreto en el corazón. En eso consiste la traición. Lo demás ya no tiene importancia…son cosas del cuerpo, en la mayoría de los casos, un triste jadeo, nada más; amores calculados en lugares prefijados, amores por horas, carentes de espontaneidad… ¡qué tristes, qué mezquinos! y detrás de todo hay un secreto canalla que infecta la convivencia, como si en alguna parte de la bonita casa, quizá bajo el canapé, hubiese un cadáver en descomposición.

Pag. 257-258. La Mujer Justa

martes, 30 de junio de 2009

Extracto de la Mujer Justa

¿Sabes? Yo rondaba los cincuenta cuando por fin comprendí a Tolstòi. ¿Has leído la Sonata de Kreutzer, su obra maestra? En ella hablaba de los celos, quizás porque el mismo era de carácter tortuosamente sensual y celoso, pero eso no es lo esencial. Los celos no son más que una forma innoble y miserable de orgullo. Sí, también conozco ese sentimiento…lo conozco bien. Casi me mata. Pero ya no soy celoso, ¿Comprendes?.¿Me crees? Mírame a la cara. No, viejo amigo, ya no soy celoso porque he conseguido superar el orgullo, aunque a costa de un esfuerzo enorme. Tolstoi estaba convencido de que existía un remedio y reservó para las mujeres un destino casi animal: traer hijos al mundo y vestir todas como monjas. Una solución monstruosa y enfermiza. Aunque la solución que convierte a una mujer en un llamativo objeto de decoración en una obra de arte cargada de sensualidad, también es inhumana y morbosa. ¿Cómo voy a respetar a alguien, como voy a entregarle mis sentimientos y mis pensamientos a una persona que desde que se levanta hasta que se acuesta no hace más que cambiarse de ropa y emperifollarse para resultar más atractiva? Ella dice que con sus plumas, sus pieles y sus fragancias no pretende gustar a nadie más que a mí… pero no es cierto. Quiere gustar a todos, quiere que su presencia suscite una intensa y persistente excitación en el sistema nervioso de todos los individuos de sexo masculino. Vivimos así. En cines, calles, teatros, cafés, restaurantes, playas, montañas… en todas partes notarás esa agitación malsana, enfermiza. ¿Tú crees que la naturaleza necesita todo eso? ¡Ni mucho menos! Eso solo lo necesita un sistema productivo y un ordenamiento social en el que la mujer se considera a sí misma una mercancía.

Sandor Marai

La Mujer Justa

P. 207-208

martes, 16 de junio de 2009

Sobre la burguesía

Pero a sonreír no aprendí nunca. Se ve que para eso hace falta algo más, tal vez que tus abuelos ya supieran sonreír. Era un detalle que odiaba con toda mi alma, tanto como la parodia del camisón… Si, odiaba su sonrisa. Porque cuando le tomaba el pelo en la cama…fingiendo que estaba a gusto con él… seguro él se daba cuenta, pero él en vez de coger un puñal y apuñalarme, sonreía. Estaba sentado en la enorme cama de matrimonio despeinado, musculoso, atlético, porque hacía mucho deporte, con ese leve olor a heno, y me miraba con una mirada fija y vidriosa. Y sonreía. A mí me entraban ganas de llorar de la rabia, la impotencia y la tristeza que sentía.
Estoy segura que cuando encontró su casa destruida por las bombas o después, cuando le quitaron la fabrica y toda su fortuna también sonrió de esa manera.
Ésa es una de las mayores crueldades del ser humano, esa sonrisa extraña, distinta, la sonrisa de los señores. Es el verdadero pecado de los ricos. Una cosa así no se puede perdonar…Porque puedo entender que alguien robe o mate cuando lo atacan. ¡Pero si se queda quieto y sonríe en silencio entonces ya no se sabe qué hacer con él! A veces sentía que ni el peor castigo del mundo habría sido suficiente, que todo lo que yo, una mujer salida de un agujero y encontrada en la calle, podía hacer contra él era poco. Todo lo que el mundo podía hacer contra él, contra sus propiedades, su fortuna y todo lo que le importaba, era poco…Había que quitarle esa sonrisa. ¿Ni siquiera son capaces de eso, los famosos revolucionarios? Porque, de alguna forma, las acciones y las piedras preciosas siempre vuelven a las manos de los señores, incluso después de haberlo perdido todo. Incluso cuando esos verdaderos ricos se quedan desnudos como gusanos, les sigue quedando un patrimonio misterioso que no puede quitarles ninguna fuerza terrenal… Sí, cuando un verdadero rico que ha tenido cincuenta mil hectáreas de tierra o una fábrica en la que trabajaban dos mil personas se queda sin nada… sigue siendo a pesar de todo más rico que la gente como tú o como yo cuando nos van bien las cosas.
¿Cómo lo hacen? No lo sé. Mira yo he vivido en nuestro país en una época que no era nada favorable para los ricos. Todo y todos conspiraban contra ellos, ejecutaron con mucha cautela ciertos planes minuciosos para quitarles absolutamente todo…primero la fortuna visible… y luego con mucha astucia, también la fortuna invisible. Y al final, ellos seguían viviendo mejor que nadie.


Texto tomado de la Novela: La mujer Justa p.322-323 de Sandor Marai