Pero a sonreír no aprendí nunca. Se ve que para eso hace falta algo más, tal vez que tus abuelos ya supieran sonreír. Era un detalle que odiaba con toda mi alma, tanto como la parodia del camisón… Si, odiaba su sonrisa. Porque cuando le tomaba el pelo en la cama…fingiendo que estaba a gusto con él… seguro él se daba cuenta, pero él en vez de coger un puñal y apuñalarme, sonreía. Estaba sentado en la enorme cama de matrimonio despeinado, musculoso, atlético, porque hacía mucho deporte, con ese leve olor a heno, y me miraba con una mirada fija y vidriosa. Y sonreía. A mí me entraban ganas de llorar de la rabia, la impotencia y la tristeza que sentía.
Estoy segura que cuando encontró su casa destruida por las bombas o después, cuando le quitaron la fabrica y toda su fortuna también sonrió de esa manera.
Ésa es una de las mayores crueldades del ser humano, esa sonrisa extraña, distinta, la sonrisa de los señores. Es el verdadero pecado de los ricos. Una cosa así no se puede perdonar…Porque puedo entender que alguien robe o mate cuando lo atacan. ¡Pero si se queda quieto y sonríe en silencio entonces ya no se sabe qué hacer con él! A veces sentía que ni el peor castigo del mundo habría sido suficiente, que todo lo que yo, una mujer salida de un agujero y encontrada en la calle, podía hacer contra él era poco. Todo lo que el mundo podía hacer contra él, contra sus propiedades, su fortuna y todo lo que le importaba, era poco…Había que quitarle esa sonrisa. ¿Ni siquiera son capaces de eso, los famosos revolucionarios? Porque, de alguna forma, las acciones y las piedras preciosas siempre vuelven a las manos de los señores, incluso después de haberlo perdido todo. Incluso cuando esos verdaderos ricos se quedan desnudos como gusanos, les sigue quedando un patrimonio misterioso que no puede quitarles ninguna fuerza terrenal… Sí, cuando un verdadero rico que ha tenido cincuenta mil hectáreas de tierra o una fábrica en la que trabajaban dos mil personas se queda sin nada… sigue siendo a pesar de todo más rico que la gente como tú o como yo cuando nos van bien las cosas.
¿Cómo lo hacen? No lo sé. Mira yo he vivido en nuestro país en una época que no era nada favorable para los ricos. Todo y todos conspiraban contra ellos, ejecutaron con mucha cautela ciertos planes minuciosos para quitarles absolutamente todo…primero la fortuna visible… y luego con mucha astucia, también la fortuna invisible. Y al final, ellos seguían viviendo mejor que nadie.
Texto tomado de la Novela: La mujer Justa p.322-323 de Sandor Marai
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3 comentarios:
Estoy leyendo por segunda vez La mujer justa y es exactamente este fragmento el que acabo de leer. No sabía que existía un blog dedicado a Sándor Márai y espero poder participar con algún comentario sobre alguna de sus obras. Soy una adicta desde que leí El último encuentro hará año y medio.
No todo es, según mi opinión, igual de bueno, pero se trata de un escritor con una personalidad muy marcada, que después de leer un par de sus libros, ya sabes que es él. Yo creo que he leído todo o casi todo lo que hay publicado, el último que compré fue Los rebeldes, pero antes de meterme de lleno me apeteció releer La mujer justa, la verdad es que es de lo mejorcito.
Así es María, yo te también he leído casi todos los que han traducido al español, Los rebeldes ya vi que salió pero no he tenido oportunidad de comprarlo, si no has leído La extraña te la recomiendo, es uno de los mejores al igual que El último encuentro.
Saludos y gracias por tus comentarios.
Bueno, pues he acabado Los rebeldes y para mí no estaría dentro del grupo de lo mejorcito. Así como vas leyendo crea un ambiente de expectación que no se corresponde con el final. Da igual. Jóvenes con padres en la guerra y sabedores que la guerra es su próximo destino, diferencia de clases, sociedades herméticas... Estos son los ingredientes.
A mí no me dejó tan buen recuerdo La extraña. Por si acaso, lo volveré a leer.
Hasta la próxima.
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